La ley de la Fe
Romanos 3:27
27¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe.
La Fe en Jesucristo o la Fe en Dios, definida en Hebreos 11:1 como “la certeza de lo que se espera” era una ley, una condición que se debía cumplir para salvación y era para todos aquellos de hasta aquella generación, fueran salvos de la ira venidera, fueran justificados ante la ley de Moisés, y la garantía de que serían redimidos, pues por esa fe, requisito indispensable para ser redimido, era el sello del Espíritu Santo, que garantizaba la redención de la posesión adquirida. La fe en Jesucristo era el cumplimiento de la ley, el fin de la ley, por cuanto el hombre nunca podría salvarse de la maldición de la ley cumpliéndola, tenía que tener fe, creer en Jesucristo que sí la había cumplido como cordero y seguramente, “en fe” cumpliría la misma de un momento a otro, para salvar a los que había dejado esperándolo. La ley de la fe era el distintivo entre los escogidos para misericordia y los escogidos para destrucción. Jesús en la Segunda Venida, cumplió totalmente la ley de Dios culminando su oficio de Sumo Sacerdote “apareciendo por segunda vez” ante el pueblo salvándolo para siempre de la maldición de la ley, consumando así mismo la ley de la fe que esperaba precisamente aquello.
Hay otra fe, que Hebreos 11:1 define como “la convicción de lo que no se ve”. Esa fe es en la que nos movemos con los ojos del entendimiento, vemos lo que no se ve y es en ella que hablamos “espiritualmente”, y es la que da origen a estos ensayos y a toda la literatura de creencias, teorías, hipótesis, etc. Esta fe como puedes apreciar no caducará jamás, es la que se da por nuestro desconocimiento del futuro, y la confianza que debemos tener para levantarnos cada mañana y vivir esta tremenda e intensa vida que se desarrolla según el propósito que esa fe nos indica.
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